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POR ERROR            
         
 
 

Hay errores y errores. Unos pueden pasar inadvertidos mientras que otros quedan grabados indeleblemente para la posteridad. Y es que a fuerza de repetirlos parecen no ser tales. A continuación unos ejemplos:

En olor de multitudes.
Qué duda cabe que en las aglomeraciones de personal, la falta de espacio y los apretujones generan un calor que se traduce en sudor. Y que el olor de cientos de cuerpos sudorosos no debe ser agradable. Pero no es este olor el referido en la frase. En realidad la multitud enfebrecida que aclama y ovaciona puede oler bien o mal, incluso puede no oler.
Utilizamos la frase para decir que Fulanito fue recibido en olor de multitudes o que Menganita ganó la competición en olor de multitudes, pero en realidad deberíamos decir En loor de multitudes -sí, ha leído bien: loor y no olor- y así es como se decía hasta que el error o la ignorancia de un cronista anónimo transformó la frase. La mayor facilidad de pronunciación y la mayor familiaridad del término acabaron por perpetuar el error que aún hoy se puede escuchar de labios de afamados periodistas.
¿Y qué significa loor? Pues, como se puede comprobar en cualquier diccionario, es una alabanza, un elogio que incluso tiene la forma verbal "loar" y un adjetivo muy utilizado: "loable".

Argelia.
Hay un país en el norte del continente africano llamado Argelia cuya capital es Argel. Pero eso sólo ocurre en los mapas impresos en español y no así en otros idiomas. Otro tanto ocurre con los diccionarios; sólo encontramos tales nombres nuestro idioma, siendo las formas distintas en otros. Así es Algèria - Alger en catalán, Algeria - Algiers en inglés, y Algeria - Alger en francés, por poner algunos ejemplos.
¿A qué es debido el cambio de posición entre la l y la r? Las diferentes pronunciaciones justifican los cambios en la grafía, pero no hasta este punto. Tal vez un error que se reprodujo fue el causante.

El Canal de la Mancha.
¿Mancha de aceite? ¿De carmín? ¿De sangre? ¿O quizás no se refiere a una mancha en sentido literal y hace referencia a cierta zona castellana que, por cierto, queda un poco lejos?
La explicación es mucho más simple. "
Canal de la Mancha" es una mala traducción de "Canal de la Manche", que es como le llaman los franceses. Y la traducción correcta es "Canal de la Manga", nombre que alude a su trazado estrecho y curvo que recuerda la forma de una manga.

De nuevo otra chapuza perpetuada. ¿Y van...?

Nota.-
Ucrania.
Otro nombre transliterado. El original es Ucraina y corresponde a una de las ex-repúblicas socialistas soviéticas.


Publicado el 8 de Abril de 2001.
Ampliado el 9 de Septiembre de 2001.

     
               
 

           
PAREADOS            
         
 
  Entre las frases hechas o locuciones hay un gran número que constan de un pareado. A menudo es la primera parte la que condensa el significado y la segunda simplemente rima, pero también es común que ambas partes participen en el significado de la frase.

A continuación unas cuantas frases a modo de ejemplo.

A troche y moche.
De forma incontrolada, sin sentido ni medida. Trochar es cortar ramas y mochar es quitar la parte superior a algo. "Trochemoche" es, pues, una tala incontrolada.

Ir de la ceca a la Meca.
Ir de un sitio a otro sin parar y sin orden aparente. "Ceca" es una casa de moneda y "la Meca" es el centro de peregrinación musulmán. Alude a la transición entre lo material y lo espiritual.

Mondo y lirondo.
Se dice de aquello que no tiene pelo o que se ha desprovisto de su funda o piel, es decir, que está "mondado". Lo de "lirondo" es simple rima.

A tontas y a locas.
Sin reflexionar. Aquí ambas partes contribuyen al significado.

De tomo y lomo.
Muy grande. Se usa para ensalzar cualidades, tan notorias que son de libro -tomo- que además ha de ser de gran tamaño -lomo- para contenerlas.

Sin decir oxte ni moxte.
Sin decir una palabra. Posiblemente "oxte" sea una derivación del verbo "oxear" (ojear, espantar la caza) y que moxte sea una simple rima.

Sin ton ni son.
Sin tener ningún motivo. "Ton" y "son" son abreviaturas de "tono" y "sonido" y la frase parece referirse a aquellos que cantan sin que el canto tenga que ver con la música que acompaña.

Contante y sonante.
Suele referirse al dinero. Nada de letras o cheques, dinero que se pueda contar y que suene.

Sin decir tus ni mus.
Sin decir absolutamente nada. "Tus" es una voz que, repetida, se usa para llamar a los perros, y "mus" puede referirse al mugido de una vaca -sin decir ni mu- o bien es una simple rima.

Por fas o por nefas.
Por una causa u otra. Son apócopes de "fastos" y "nefastos" y alude a una antigua distinción entre los días.

Estar a las duras y a las maduras.
En lo bueno y en lo malo. Ambas partes hacen referencia el estado de la fruta y ambas participan en el significado de la frase.

El oro y el moro.
Quererlo todo. Ambas partes tienen significado, pues la frase hace referencia al precio de un rescate fijado para la libertad de un árabe.

No tener ni arte ni parte.
No estar implicado ni directa ni indirectamente en un asunto. "Arte" parece hacer referencia a algo inmaterial y "parte" a lo material.

Por activa o por pasiva.
De todos modos, se intente hacer o no algo para impedirlo. Ambas partes también con significado.


Colaboración de Evaristo Laguna.
Al respecto de "a troche y moche".- Trochar no es cortar ramas. El verbo "trochar" lamentablemente no está recogido en el DRAE, de estarlo su significado debería ser algo así: Andar o atajar por las trochas" que es el significado que he oído en algunos pueblos de Andalucía. Las "trochas" son veredas abiertas en la maleza, generalmente por el ganado. "Trochemoche", según el DRAE, viene de: trocear y mochar.

A la luz de esta puntualización, podemos concretar mejor el significado de la expresión. "Trochar", más que cortar ramas simplemente, cobra ahora el significado más amplio de romper, quebrar, chafar, trocear de cualquier manera no tan solo ramas, sino arbustos, maleza. Y, eso sí, de manera incontrolada.



Publicado el 8 de Abril de 2001.
Ampliado el 5 de Julio de 2002.

     
               
 

           
EMBARAZOS Y BEBES            
         

Dedicado a Aroa, hija de unos amigos, nacida el día 4 de Mayo de 2001.

 
  Embarazo es un término procedente del antiguo leonés, de "baraça" (lazo, cordón) y ésta a su vez es de origen prerromano, acaso celta. La voz castiza fue "preñada", de "impregnare" (llenar, impregnar, colmar, en latín) con el significado de estorbo, molestia.

Hay que hablar ahora del cordón o cinta, pues es el distintivo de la mujer casada. En el mundo antiguo la mujer soltera llevaba los vestidos y ropajes sueltos y cuando se casaba se los ceñía la talle con una cinta o cordón. Al quedar embarazada su ropa tenía que adaptarse a la nueva situación y abandonaba el ceñidor, para evitar opresiones al feto. Se decía que estaba "incincta" (participio pasivo de cignere, ceñir en latín, más la partícula negativa -in) y actualmente se dice Estar encinta.

Tras el embarazo viene el parto. Expresiones como Romper aguas, Alumbramiento y Dar a luz, se explican por sí solas. Lo que sí necesitará una explicación es el motivo de la "cuarentena de las parteras" -tiempo de abstinencia recomendada tras el parto para no interferir en la correcta recuperación genital femenina- tras el cual viene la visita de rigor al médico para dar por finalizado el proceso si no han habido complicaciones. Este periodo de tiempo tiene sus motivos médicos como también lo tiene el aislamiento de posibles infectados para evitar un contagio y que también recibe el nombre de cuarentena. Pero ¿por qué cuarenta días? ¿por qué no treinta y cinco o cincuenta? La explicación la encontramos en un rito judío al que se sometió la Virgen María cuarenta días después del nacimiento de Jesús. Una costumbre de purificación mantenida durante mucho tiempo por la tradición cristiana, pues no hay que olvidar que se consideraba que la mujer era impura en los días de la menstruación y tras el parto y que ningún hombre debía tener contacto carnal con ella en tal situación.

Una vez pasados los cuarenta días -en las que la mujer no acudía a misa- presentaba su bebé al párroco que le prodigaba una bendición especial.

Después se viste al bebé varón de azul y a la niña de rosa. El azul tiene su explicación en el libro bíblico de los Números, en el que para que los israelitas no olvidaran los favores concedidos, se les ordenó colocar cintas de color azul en los remates o rebordes de sus mantos, para así recordar los mandamientos del Señor. De este pasaje se derivó la creencia de que llevar una cinta azul remedia ciertos males y desde entonces el azul ha sido utilizado como talismán. De aquí viene el "algo azul" de las novias (Ver ¡Vivan los novios!) y el color azul de los ropajes de los bebés del sexo más deseado por los progenitores en tiempos pasados. El heredero (importante la figura del "hereu" en la Cataluña rural) o simplemente brazos fuertes para trabajar el campo era lo que preferían estos padres y cuando tenían un varón lo vestían de azul para protegerlo de la elevada mortalidad infantil.

En tiempos más recientes se escogió el color rosa para las niñas porque el mundo clásico había dedicado la rosa a Venus por su hermosura y su suave olor y por el breve tiempo de vida antes de marchitarse que simbolizó el placer efímero. (He aquí también la razón por la que la rosa es el símbolo del amor por antonomasia) Y también se empezó a decir que las niñas eran flores, que nacían debajo de un rosa y demás cuentos como el de la cigüeña que merece comentario aparte.

Ya en Roma, impresionados por el amor filial de estas aves (monógama, fiel a su pareja y que cuida de sus padres cuando no pueden valerse por su edad) se promulgó la "lex cyconaria" que era una disposición legal por la que se obligaba a los hijos a amparar a los padres ancianos. La cigüeña estuvo dedicada a la diosa Juno y a su cuidado estaban la protección de la mujer, el matrimonio, el alumbramiento y los recién nacidos. Así no es de extrañar que en Escandinavia u Holanda (en todo caso parece que en la zona báltica) se inventaran la historia de la cigüeña que trae los niños para explicar a los más pequeños la aparición súbita de un nuevo miembro de la familia. En todo caso, el trabajo del cuentista danés Hans Christian Andersen contribuyó a propagar esta fábula.


Publicado el 19 de Mayo de 2001.

     
               
 

           
TABLA PERIÓDICA            
         
 
 

Todos los elementos químicos se encuentran clasificados en la tabla periódica construída por el químico ruso Dmitry Mendeleyev, que observó ciertas reglas en la composición, número atómico y naturaleza de los elementos. Metales, gases, metaloides, artificiales... todos tienen cabida. Incluso sirvió para predecir la existencia de elementos desconocidos por la existencia de un "hueco" en la tabla que posteriormente se rellenó. Sin duda es un tema apasionante, pero no es éste el lugar para tratarlo. Aquí nos centraremos en sus nombres y en sus símbolos. En el porqué y en la historia de éstos.

La primera duda es: ¿por dónde empezar? Siguiendo el "orden natural" no, pues iríamos de un lado a otro. Por diferentes "tipos" de origen parece algo frío. Quizás lo mejor sea agrupar los que presenten un origen común en su nomenclatura y nombrar un grupo tras otro.

Empezaremos con el Sodio y el Potasio: En Alemania se llamaba "natrón" al hidróxido de sodio y "kali" al hidróxido de potasio. Cuando en 1807, Sir Humphrey Davy efectuó la electrólisis de los hidróxidos obteniendo los metales por primera vez, se adoptaron los símbolos Na para el sodio y K para el potasio. Aunque sus nombres se hicieron derivar de la denominación inglesa de los mismos hidróxidos, llamados "soda" y "potash", respectivamente.

Más conocida es la historia del Radio, descubierto en 1898 por los esposos Curie mientras realizaban unas investigaciones con la plechblenda. Se dieron cuenta que la emisión de partículas no se correspondía con la cantidad de uranio que ésta contenía; llegando a aislar un elemento más radiactivo que éste, al que llamaron radio -nombre procedente de "radius" (rayo, en latín)- y otro elemento al que llamaron Polonio en honor a Polonia, país de nacimiento de María Sklodowska, nombre de soltera de Madam Curie. Tantos méritos fueron reconocidos con el Curio, producido sintéticamente en 1944, llamado así en honor a Pierre y Marie Curie, pioneros en la investigación de la radioactividad.

Algunos elementos, en este caso gases, fueron considerados generadores. Y se les nombró con la raíz griega "geno" (génesis, generación) Tal es el caso del Oxígeno, que fue el nombre dado por Lavoisier a este gas, con el significado de "formador  de ácidos" ya que creyó que todos los ácidos contenían tal elemento. Y del Nitrógeno, nombre propuesto por Chaptal en 1823 debido a su presencia en el "nitro" -antiguo nombre del nitrato potásico- y a su carácter de "engendrador de nitratos". Y también del Hidrógeno. Descubierto en 1766 por Henry Cavendish recibió el nombre de "aire inflamable". En 1781 observó que cuando este gas ardía en el aire -y en el oxígeno- se formaba agua, lo que indujo a Lavoisier a llamarlo hidrógeno -productor de agua-.

A principios del siglo XIX se conocían dos sustancias llamadas "magnesia alba" (actualmente carbonato básico de magnesio) y "magnesia nigra" (actualmente óxido de manganeso) Para evitar confusiones se llamó Magnesio al elemento obtenido de la primera por Magnesia, ciudad de la comarca de Tesalia (Grecia) y Manganeso al derivado de la segunda por "magnes" (magnético, en latín) aludiendo a sus cualidades.

El análisis espectral permitió la identificación de algunos elementos y también marcó su nombre. Este análisis se basa en el efecto físico de la dispersión de la luz. Cuando un rayo de luz pasa a través de un prisma óptico se dispersa en todas las longitudes de onda que forman el rayo incidente, desde los infrarrojos hasta el ultravioleta. La luz blanca produce al descomponerse un espectro continuo, sin embargo, los elementos químicos en estado gaseoso y sometidos a temperaturas elevadas producen espectros discontinuos en los que se aprecia un conjunto de líneas que se corresponden con unas determinadas longitudes de onda. Así, si hacemos pasar la luz blanca a través de una sustancia antes de atravesar el prisma, sólo pasaran aquellas longitudes de onda que no hayan sido absorbidas por tal sustancia y obtendremos su espectro de absorción. Estos espectros son siempre los mismos para el mismo elemento e incluso se mantienen si éste forma parte de un compuesto, lo que quiere decir que cada elemento tiene su propia "firma espectral"

Y de esta firma y de esta forma surgió el nombre del Rubidio por el color rubí -rojo oscuro- característico de su espectro. El del Indio, por el color índigo -añil- característico en el espectro del elemento. Y el del Cesio de "cesius" (celeste, en latín) por el color azul celeste del suyo.

Y ya que estamos con los colores, éstos han dado nombre a varios elemento más. Tal es el caso del Cromo de "chroma" (color, en griego) por los variados colores de sus compuestos. Del Rodio por el color rosa de las soluciones acuosas de muchas de sus sales. Del Iridio por la naturaleza iridiscente de algunos de sus compuestos. Del Cloro, cuyo nombre deriva del latín con el significado de "verde claro". Del Yodo, cuyo nombre deriva del griego con el significado de "violeta". Del Bismuto, cuyo nombre deriva del alemán "weisse masse" con el significado de masa blanca. Del Berilio, "beriio" (de color verde) Del Zirconio, de "zargun" (color dorado, en árabe) Del Arsénico, de "arsenikon" (pigmento amarillo, en griego)

Y también con nombres derivados de alguna otra propiedad. Tal es el caso del Fósforo, cuyo nombre proviene de "phosphoros" (productor de luz, en griego) por su propiedad de brillar en la oscuridad, que no es otra cosa que el producto de su lenta combustión en el oxígeno del aire. También lo es del Bromo, cuyo nombre proviene de "bromos" (mal olor, en griego) por el olor desagradable e irritante de la solución acuosa de sus sales. Del Astato, por "astatos" (inestable, en griego) aunque antes fue llamado Alabamina por haber sido producido artificialmente en el Instituto Politécnico de Alabama. Del Actinio, por "aktinos" (radiante, en griego). Del Disprosio, de "dysprositos" (difícil de conseguir, en griego) Del Osmio, de "osma" (olor, en griego) por el fuerte olor de alguno de sus compuestos. Del Bario, de "barys" (pesado, en griego) Del Titanio que recibió su nombre de los titanes mitológicos para hacer referencia a su cualidad de infusible. Del Zinc por su origen.

Siguiendo con la mitología y las deidades, hay varias que han dado su nombre a algún elemento. Veamos cuales son: Vanadio por "Vanadis", divinidad escandinava. Torio por "Thor" dios escandinavo de la guerra, el trueno y la tormenta. Aunque las deidades clásicas no se quedan atrás: Selenio por Selene, la diosa griega de la Luna. Tantalio por el personaje mitológico de Tantalo y el Niobio por Niobé, nombre latino de la hija de Tantalo. 

Existen unos casos en que el nombre procede de un planeta o de otro cuerpo celeste, aunque éstos hayan tomado con anterioridad el nombre de la deidad clásica. (Ver Días de la semana y el sistema solar). Se trata del Paladio, que tomó su nombre del asteroide Pallas descubierto poco antes, aunque éste tomó a su vez el nombre de la diosa griega de la sabiduría: Palas Atenea. También es el caso del Cerio, que toma su nombre del asteroide Ceres, que a su vez lo tomó de la diosa de la agricultura: Ceres. El Mercurio (Hg), el Uranio, el Neptunio y el Plutonio toman el nombre de los planetas Mercurio, Urano, Neptuno y Plutón y éstos de los dioses homónimos.

El nombre de ciudades, países y lugares concretos fueron otras fuentes de inspiración para la concesión de nombres a los nuevos elementos. Al ya nombrado Polonio se le unen el Escandio que debe su nombre a "Scandia" antiguo nombre latino de la península escandinava. El Hafnio por "Hafnia", nombre romano de la ciudad de Copenhague, donde se descubrió. El Galio y el Germanio por Galia y Germania, nombres romanos de Alemania y Francia respectivamente. El Lutecio por "Lutecia" nombre romano de la ciudad de Paris. El Holmio por "Holmia" nombre latino de la ciudad de Estocolmo. El Tulio por "Thule" antiguo nombre de Escandinavia. El Americio, el Europio y el Francio se explican por sí solos. Aunque se deberá ampliar la información respecto al Estroncio y el Rutenio. Concretando más el concepto de lugar nos encontramos que el Californio debe su nombre a la Universidad de California donde se obtuvo bombardeando el Curio con partículas alfa. El Berkelio se sintetizó por primera vez en la de Berkeley. 

Mención especial merece la ciudad sueca de Ytterby en la que el finés John Gadolin encontró una tierra rara para estudiar. En ella identificó la gadolinita de la que se obtuvo más tarde el Gadolinio -llamado así en su honor- de ella obtuvo itria en la que descubrió el Itrio en 1794. El químico sueco Carl Gustav Mosander separó, en 1843, la itria obtenida de la gadolinita en tres fracciones a las que llamó: itria, erbia y terbia. Descubrió el Erbio. Y en 1878 el químico suizo Jean Charles de Marignac descubrió el Yterbio. Tanto el Itrio, como el Terbio, como el Erbio, como el Yterbio deben su nombre a la misma ciudad.

También los hay dedicados a diversas personalidades. Al Curio y el Gadolinio nombrados anteriormente se le unen: El Einstenio, en honor a Albert Einstein, el Fermio, en honor a Enrico Fermi, el Mendelevio, en honor a Dmitry Mendeleyev, el Rutherfordio, en honor a Rutherford, el Bohrio, en honor a Bohr, el Nobelio, en honor a Alfred B. Nobel, el Lawrencio, en honor a Ernest O. Lawrence, inventor del ciclotrón -aparato que permitió el descubrimiento del elemento-, el Meitnerio, en honor a Meitner, el Seaborgio, en honor a Seaborg, el Samario, en honor a Samarsky y el Wolframio- también llamado Tungsteno- en honor a Peter Woulfe.

El Cobalto, el Antimonio (Sb) de "stibuim" y el Níquel tienen curiosas historias basadas en un error. Como error fue el nombre del Molibdeno, obtenido de "molybdos" (plomo, en latín) ya que se creía que la molibdenita era un compuesto de plomo.

Para el caso de los gases nobles se acudió a las raíces greco-latinas. Neón de "neo" (nuevo), Argón de "argo" (inactivo), Kryptón de "krypto" (enigmático, desconocido), Xenón de "xeno" (extraño) y Radón -he aquí la excepción que confirma la regla- recibió su nombre del Radio, ya que es un producto de la desintegración del isótopo Ra-226.

El resto de elementos, o al menos la mayoría, reciben su nombre también de una raíz griega o latina, pues muchos eran conocidos y utilizados desde antiguo. Calcio procede del latín "calx", Tecnecio -el primer elemento artificial- del griego "technetos", Aluminio del latín "alumen", Carbono del latín "carbo"(carbón de leña), Silicio del latín "silex"(pedernal), Helio del griego "helios", Litio del latín "litos"(piedra), Cadmio... 

Incluso los símbolos explican mejor en los siguientes casos el origen: Azufre (S) del latín "sulphur", Oro (Au) de "aurum" (aurora resplandeciente, en latín), Plata (Ag) de "argentum", Hierro (Fe) de "ferrum", Plomo (Pb) de "plumbum"...


Publicado el 5 de Octubre de 2001.
Ampliado el 28 de Noviembre de 2001
con una colaboración de Lluís Compte.

     
               
 

           
LOS MUERTOS Y LA COSMETICA            
         
 
  La Muerte es el enigma definitivo. Y como gran misterio que es, siempre ha inquietado al hombre y le ha llevado a proponer respuestas a la pregunta de ¿qué hay más allá? Y para contestar a esta pregunta y dar sentido a otras necesidades, se han formulado creencias, filosofías y religiones y, en ellas, siempre se ha tratado con respeto a los muertos, conocedores de la respuesta. Con respeto y con miedo.

Miedo a que el espíritu del difunto no desee abandonar el mundo e intente poseer otro cuerpo. Miedo a que los malos espíritus perturben el descanso del fallecido. Miedo a que regrese de entre los muertos para importunar a los vivos. Dando lugar estas creencias a múltiples costumbres y tradiciones.

Cuando alguien fallece lo primero que se hace es cerrarle los ojos. Con ello se pretende evitar que el difunto escoja al siguiente en morir y se establece una frontera entre lo muerto y lo vivo, de la misma manera que al cubrir el cadáver con una sábana o tela.

Velar al muerto significa hacerle compañía desde el momento de la muerte hasta recibir sepultura a la luz de las velas repartidas por la viuda, el viudo o los familiares, evitando así que malos espíritus le importunen. Siendo otra señal de duelo el vestir alguna prenda de luto.

El color del luto es el negro a partir del siglo XI -antes era el blanco- y obedece a la necesidad de los vivos de ocultarse a los muertos. Con la muda del atuendo habitual buscaban un doble fin: desorientar al muerto haciendo irreconocible al vivo -evitando así que el alma del difunto penetrara en el cuerpo de los vivos- y apartar a los dolientes del resto de la sociedad para no contaminarla con la impureza que suponía la muerte. Algunos pueblos primitivos usan el color blanco embadurnándose el cuerpo con yeso o con cenizas a fin de disfrazarse de espíritus y desorientar a los intrusos del más allá.

Una vez amortajado el cadáver recibe sepultura bien envuelto el tela o, si su economía lo permite, en un ataúd. Ya hacia el cuarto milenio antes de Cristo los sumerios metían a sus difuntos en cestos de juncos movidos por el miedo al regreso y se debe entender este hecho como un antecedente del ataúd. En algunos pueblos del norte de Europa se decapitaba el cadáver y se le amputaban los pies para evitar que persiguiese a los vivos. Y aunque enterrarlo bajo metro y medio de tierra podía ser suficiente, se le encerró en una caja, se le clavó una tapa con un número exagerado de clavos y se cegó la entrada de la tumba con una pesada lápida.

En Roma se enterraba al atardecer y, para despistar al muerto se llegaba al cementerio ya anochecido y se encendían antorchas tanto para alumbrarse como por ser el fuego un elemento parejo a la muerte. De hecho la palabra "funeral" proviene del latín "funus" (tea encendida)

Colocar flores en las sepulturas se interpreta como el deseo de proporcionar algo vivo en recuerdo del difunto y la corona de flores tenía también la misión de barrar el paso al espíritu e impedirle volver del mundo de los muertos.

Creencia muy arraigada era la que contemplaba que el alma que carecía de tumba erraba por la tierra y podía atormentar a los mortales enviándoles males o atormentándoles con sus apariciones. Y no bastaba con enterrar el cuerpo, se debían observar ritos. La eventualidad de ser indebidamente enterrado atemorizaba a los vivos y se temía más que a la muerte misma. En la Ilíada, Héctor ruega a su vencedor para que no le prive de sepultura:


Te imploro no entregues mi cuerpo a los perros junto a los barcos griegos; acepta el oro que te ofrecerá mi padre y devuélvele mi cuerpo para que los troyanos me ofrezcan mi parte en los honores.


La posesión por parte de un espíritu maligno o un alma atormentada ha sido un temor ancestral y diversas han sido las artimañas para protegerse de tal eventualidad. Las primeras proceden seguramente del Neolítico y se pueden observar en la actualidad en las tribus más atrasadas del África profunda o del Amazonas. Consisten en la automutilación y colocación de objetos mágico-religiosos en los orificios del cuerpo por los que podían penetrar los malos espíritus. A ese fin se agujereaban los extremos de las orejas para colgar de ellas talismanes, y también las aletas de la nariz o los labios.

Los pendientes pasaron a ser de oro, ya que al fetichismo se le unía el prestigio del metal, y si el pendiente era un aro se interpretaba en el mundo antiguo como sumisión a Dios.

El hombre del Neolítico acostumbraba a pintarse la cara y el cuerpo con significado mágico-religioso, como una forma de disfrazarse y ocultarse a los malos espíritus y a no ser reconocido tras la máscara. Después de ello, el maquillaje estuvo presente en todo el mundo antiguo. Los reyes se presentaban ante su pueblo maquillados, las mujeres podían aparecer en público desnudas, pero no sin pintarse y en Egipto nadie era enterrado sin útiles cosméticos. Hombres y mujeres pintaban sus labios de color rojo pálido por imperativo de la moda egipcia y por la supersticiosa creencia de que no es posible la muerte si los labios están rojos.

El mismo cuento se le puede aplicar a la pintura de ojos y a los tatuajes con los que algunos aborígenes maoríes adornan su cuerpo. Incluso al gesto de cubrir el bostezo con la mano, ocultando la desmesurada y prolongada abertura de la cavidad bucal. E incluso el cubrimiento de las partes íntimas obedece no tanto a un sentimiento de pudor como a una maniobra de protección de otros posibles orificios de entrada del cuerpo o contra el mal de ojo sobre tan delicadas partes de la anatomía.


Publicado el 17 de Febrero de 2002.

     
               
 

           
LOS MESES DEL AÑO            
         
 
  Enero.- Primer mes del año, inexistente en el antiguo calendario romano que empezaba en el mes de Marzo. Fue añadido al calendario de Numa Pompilius y su nombre latino "januarius" proviene de Janus, la divinidad de las dos caras, pues el mes de Enero  mira de un lado el año nuevo y de otro el que ya ha pasado. Hay quien hace derivar su nombre de "janua" (puerta) pues, como primero de los meses, es la puerta del año, pero es el mismo origen, ya que Janus es el dios guardián de las puertas de Roma.

Febrero.- Segundo mes del año, inexistente en el antiguo calendario romano. Su nombre latino "februarius" proviene de "februum" (medio de purificar, en latín) lo que significa que el mes de Febrero era el mes de la purificación en el que se celebraban, a finales de mes, las "februales" que eran unas ceremonias religiosas de expiación. Era considerado un mes infausto o nefasto (sin fiestas) y por ello fue escogido para ser el mes más corto del año en el calendario juliano.

Marzo.- Tercer mes del año y primero del antiguo calendario romano. Proviene de "martius", derivado de Marte, nombre del dios de la guerra al que estaba consagrado.

Abril.- Cuarto mes del año y segundo del antiguo calendario romano. Su nombre latino "aprilis", proviene probablemente de "aper" (jabalí, en latín) que era una animal venerado por los romanos o quizás tenga relación con "àparas" (término de los Veda que significa "siguiente") con la interpretación de que era el mes siguiente al primero. De todas maneras, está muy extendida la teoría de que proviene de "aprilis" y éste de "aprire" (abrir, en latín) y hace referencia a que se abre la Naturaleza, al aparecer las flores y rebrotar los árboles.

Mayo.- Quinto mes del año y tercero del antiguo calendario romano. Su nombre latino "maius", hace referencia a que estaba dedicado a Maia, una de las pléyades (las siete hijas de Atlas y Pleyone en la mitología clásica)

Junio.- Sexto mes del año y cuarto del antiguo calendario romano. Su nombre -"iunius", en latín- hace referencia a Juno, diosa esposa de Júpiter, protectora de la mujer y de la familia, a la que estaba dedicado.

Julio.- Séptimo mes del año y quinto del antiguo calendario romano con el nombre de "Quintilis". Marco Antonio le dio en el 44 a C. el nombre de "iulius" en honor a Julio César.

Agosto.- Octavo mes del año y sexto del antiguo calendario romano con el nombre de "Sextilis". Se le dio el nombre de "augustus" -renombre del emperador Octavio- con el fin de honrarle a semejanza del mes de Julio dedicado a Julio César. Por la misma razón se compone de 31 días como el mes de Julio, rompiendo así la alternancia entre 30 (ó 28) y 31días.

Septiembre.- Noveno mes del año y séptimo del antiguo calendario romano. Su nombre proviene de "septem" (siete, en latín) haciendo referencia a su posición antes de la reforma llevada a cabo por Julio César en el 46 a C. y que creó el llamado calendario juliano.

Octubre.- Décimo mes del año y octavo del antiguo calendario romano. Su nombre proviene de "octo" (ocho, en latín) y hace referencia a la posición que mantenía en el cómputo general de los meses.

Noviembre.- Undécimo mes del año y noveno del antiguo calendario romano. Su nombre proviene de "novem" (nueve, en latín) y hace referencia a la posición que mantenía en el cómputo general de los meses.

Diciembre.-  Duodécimo mes del año y décimo del antiguo calendario romano. Su nombre proviene de "decem" (diez, en latín) y hace referencia a la posición que mantenía en el cómputo general de los meses.


Publicado el 20 de Mayo de 2002.
 

     
               
 

           
SONRISAS Y LÁGRIMAS            
         
 
  La risa y el llanto son expresiones de los sentimientos humanos, que se manifiestan en el lenguaje por medio de multitud de modismos. Por haber, hay risa de hiena, sardónica, de imbécil, estentórea... y lágrima fácil,  lágrimas de cocodrilo o de Magdalena.

Respecto a la risa, son corrientes la expresiones que hacen referencia a la carcajada sin freno. Como por ejemplo "desternillarse". Es frecuente oír "desternillarse de risa" o decir "me desternillo", aunque hay quien dice "destornillo" erróneamente, quizás por sonarle mejor.  Si buscamos en el diccionario, leemos que las "ternillas" son cartílagos. ¿A qué cartílagos hace referencia la expresión? Es posible que a ninguna ternilla en particular y que la frase se refiera a todas ellas como en la expresión "me descoyunto de risa", en la que la acción de descoyuntar (desencajar un hueso de sitio) se hace extensiva a todo el esqueleto. Aunque de referirse a algunas en concreto, se referiría a los discos intervertebrales que, situados entre las vértebras, permiten la semiarticulación de la columna. 

En una situación de risa incontrolada, se adopta la posición fetal para minimizar el dolor de los espasmódico de los músculos abdominales, de tal manera que si nos dobláramos más se romperían las ternillas y podríamos partirnos por la mitad. Esta afirmación parecen corroborarla frases como: "me doblo", "me parto"-y la más reciente "me parto la caja"(torácica)-, "me troncho"...  en las que sí se alude directamente a la fractura del tronco en dos pedazos. Y "me mondo" que parece sugerir que uno se queda sin pelo y hasta sin extremidades por efecto de la risa, despojándose de todo aquello que no es necesario para la carcajada.

A este respecto, "ser la monda" se dice de algo excesivo o extraordinario y también de algo o alguien extremadamente divertido.


Las convulsiones a las que se ve sometido el cuerpo con la risa aguda afectan a todas partes por igual, ya sean hueso o músculos y se suele decir: "me meo de risa", o que algo es tan gracioso que "es para mearse", aludiendo a la imposibilidad de controlar la vejiga por los espasmos musculares. En ocasiones llega a tanto el dolor de los músculos si la carcajada es prolongada, que se llega a afirmar que "me muero de risa".

Por su parte, el llanto también tiene sus matices. Desde el gimoteo infantil -hacer pucheros, le dicen- hasta llorar como una Magdalena, pasando, como no, por las lágrimas de cocodrilo.

Y no son tales las lágrimas del cocodrilo; se trata de una secreción acuosa que mantiene húmedos los ojos del reptil mientras está fuera del agua. Lo que pasa es que emite unos sonidos -semejantes a quejidos o lamentos- previamente al letargo en que se sume durante la digestión. Un poco de imaginación y se completa la fábula que afirma que el cocodrilo llora -falsamente- por la presa que está devorando.



Publicado el 26 de Enero de 2003.
 

     
               
 

           
FALSAS ETIMOLOGIAS 2            
         
 
  Más falsas etimologías que se oyen por ahí o que circulan por la red.

El título de "Don" proviene de: "De Origen Noble"

"Don" es un título honorífico que se antepone al nombre como muestra de cortesía, que proviene de "dominus" (señor, en latín)

El nombre de Paco viene de que San Francisco de Asís era el "Pater Comunitas", es decir, el padre de la comunidad de hermanos o prior. Si tomamos la primera sílaba de cada palabra tenemos el famoso. Pa Co.

Ni mucho menos funciona así. Existen varias explicaciones, como la que, partiendo de "Phrancisco", se abrevia en "Phco" para pasar a "Paco" y que tampoco son convincentes. La que parece tener mayores visos de corrección es la que se explica en Linguaweb, en donde se parte "del navarro (y vascohablante) San Francisco Javier (siglo XVI). El nombre pudo haberse popularizado en Navarra y en el País Vasco y después difundirse por el resto de la Península arrastrando con él hipocorísticos como Pancho y Paco, de origen vasco." En vasco no existía antiguamente el fonema /f/ que se sustituía por "p"; tampoco admite los grupos "pr", "gr", "cr"... que se adaptan introduciendo una vocal entre las dos consonantes, por lo que el nombre venía a ser algo así como "paranchisco" que bien pudo producir diminutivos como "Patxi" (Pachi), Pancho, Paco, Paquiro, Frasco, Frasquito...

Los primeros españoles que llegaron a América del Sur preguntaron su nombre al ver por primera vez a este rumiante originario de aquel subcontinente. Los indígenas, que no entendían castellano, repetían "llama, llama", que los europeos tomaron como el nombre de este animal.

Es una voz quéchua.

Dicen que cadáver proviene del latín "Caro Data Vermibus" (Carne Dada a Gusanos). Se dice que los romanos inscribían esta frase en los sepulcros. 

Falso. Proviene del latín "cadaver" de "cadere" (caer)

Dicen que cuando los españoles llegaron a Canadá  no encontraron oro, solo desolación y mucho frío. Por eso le llamaron "aCÁ NADA".

Desconozco la etimología de Canadá, pero ésta seguro que no es cierta, parece de chiste.

Según la leyenda, cuando Jaime I conquistó Valencia y entró en la ciudad, se le acercó una muchacha que le ofreció un jarro que contenía la deliciosa bebida propia del lugar -la horchata- y que, tras beberla exclamó: "Això és or, xata!" (esto es oro, chata; en catalán)

En realidad "horchata" proviene del latín "hordeata" y éste de "hordeum" (cebada, en latín). Por su parte "xata" (chata, en catalán) es un castellanismo reciente, anacrónico en el siglo XIII.

E
l nombre de la ciudad de Montevideo es debido a que la ciudad está bajo la sexta montaña que rodea la bahía, contadas de este a oeste. O sea, bajo el MONTE VI (sexto en números romanos) D (de, preposición) E (este) a O (oeste)

Muy rebuscado. Los topónimos no suelen nacer así. Más parece aludir a una buena vista (de "vedere", ver en latín) de la bahía desde algún monte o punto elevado, a guisa de atalaya.

Unos dicen que palabra "cementerio" viene de cemento, pues allí es donde "cementan" a los muertos.

El término proviene de "koimetérion" (lugar para dormir, en griego) y éste de "kóimao" (acostarse, en griego).



Publicado el 26 de Enero de 2003.

 
     
               
 

         
HACE MUUUUUCHO TIEMPO            
         
 
  Existen muchas frases hechas para referirse a un tiempo incierto y muy remoto. Y cada una de ella tiene detrás su pequeña historia:

El año de la nana.- También llamado "de la Nanita", hace referencia al año 1634, en el que una mozuela de quince a dieciséis años cantó por toda España "la Nanita" en coplas, diciendo así:

La Nanita se murió
y la llevan a enterrar
con espuelas y botines
y manto capitular.


El año de la picor.- Hace referencia a 1741, que fue un año de hambruna debido a la pérdida de la mayor parte de las cosechas. Ese año hubo también una plaga de pulgas, que añadió los picores a la desgracia. Las malas cosechas era algo frecuente, pero no así la plaga de pulgas, por lo que quedó la fecha prendida de la memoria popular.

El año de la polca.- Se usa para referirse a un tiempo antiguo y también para indicar que una cosa está vieja, pasada de moda. Parece referirse a una año, comprendido entre 1845 y 1847, cuando el baile de la polka -como el de la mazurka- se introducían en el país y se alternaban con el vals en la fiestas de sociedad.

El año del catapún.- Se refiere a un año indeterminado de la década de 1920, en los que se oyó con insistencia un cuplé cantado por Sara Montiel y Raquel Meyer, entre otras, que llevaba por título: "Polichinela". El estribillo -varias veces repetido a lo largo de la canción- comenzaba así: "Ole catapún, catapún ..."


En tiempos de Maricastaña.- Para referirse a un tiempo muy antiguo, desusado y sin valor; generalmente haciendo referencia a una época de leyenda y fantasía en oposición al tiempo histórico y real. Aunque algunas voces quieren ligar la frase a un personaje concreto -ya sea la Mary Auburn (de color castaño) de un cuento popular celta, o la esposa de un tal Castaño de apellido, que se resistió con empecinamiento al pago de impuestos que reclamaba el obispo de Lugo, en un año indeterminado del siglo XIV- parece ser generalmente aceptado que se trata de un nombre genérico como los de: Mariquilla, Marisabidilla, Marimacho, Marisarmiento...

El año del caldo, el año de la canica... son frases utilizadas con la misma intención en México.


Publicado el 20 de Junio de 2003.